Privacidad
Autor: Manuel Navarro - 5 Octubre, 2009
H ay algo que no dejará de sorprenderme en este mundo de la tecnología. El ser humano –a no ser que uno sea Belén Esteban o similar– considera la privacidad como algo indispensable en su vida. A nadie se le ocurre ir aireando sus chismes a los cuatro vientos. Como dice Lisbeth Salander, la protagonista de “Los hombre que no amaban a las mujeres”, todo el mundo tiene algo que esconder. Esto era así hasta que se metió la tecnología de por medio. Desde que apareció Messenger, YouTube o Facebook, entre otros, la privacidad se ha convertido en un bien escaso. Nadie quiere que su vecino le espíe, pero nos dedicamos a colgar fotos más o menos comprometidas en Facebook o a colgar vídeos privados en YouTube. Es decir, nos molesta el vecino cotilla, pero nos da igual que toda la Red sepa de nuestras vidas. Nos quejamos cuando los Ayuntamientos ponen cámaras de vigilancia por todas las calles o cuando tenemos que pasar los interminables controles en los aeropuertos o la policía nos para en un control. Sin embargo, nada de esto importa cuando estamos en Internet. Ahí, la privacidad/intimidad desaparece, nos da igual. Y claro, las compañías se aprovechan de ello. Vodafone, sin ir más lejos, presentó la semana pasada una serie de servicios que pretenden hacer la vida más fácil a los usuarios. Entre otras cosas, su propuesta sincroniza y actualiza todos los contactos que tenga cada usuario, así como los estados de cada uno de ellos en cada una de las redes sociales por las que pulula. Además, gracias a su GPS, permite conocer dónde se encuentra cada usuario en un determinado momento y así hasta un largo etcétera. Se supone que es una iniciativa que va a tener un éxito tremendo, lo que implica que, al final, la privacidad cada vez importa menos, salvo cuando se trata del vecino cotilla o de las cámaras de vigilancia, claro.
Manuel Navarro
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